Show notes
NOTAS DE ELENAMaterial complementario de la escuela Sabática para adultosNarrado por: Patty CuyanDesde: California, USAUna cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist ChurchLUNES, 13 DE JULIOCENTRADOS EN JESÚSAquí el ojo de la fe es dirigido a Dios, para ver el invisible, no las cosas que ahora están a la vista. La fe vive en la expectación de un bien futuro; discierne ventajas inexpresables en el don celestial. La esperanza de la vida futura es una parte esencial de nuestra fe cristiana. Cuando permitimos que las atracciones del mundo se interpongan entre el alma y Dios, lo único que podemos ver es el mundo... Mirad más alto, fijad el ojo de la fe en las cosas invisibles y seréis fuertes en la fortaleza divina. Nuestra fe aumenta al mirar a Jesús, que es el centro de todo lo atractivo y hermoso. Cuanto más contemplamos lo celestial, tanto menos vemos cosas deseables o atractivas en lo terreno. Cuanto más continuamente fijamos el ojo de la fe en Cristo en quien están centradas nuestras esperanzas de vida eterna, tanto más crece nuestra fe; nuestra esperanza se fortalece, nuestro amor se hace más intenso y ferviente, con la claridad de nuestra mirada interior espiritual, y nuestra inteligencia espiritual aumenta. Nos damos cuenta cada vez más de la realidad del llamado de Dios a purificarnos a nosotros mismos de las costumbres y prácticas de un mundo que no conoce a Dios ni a Jesucristo a quien envió. Cuanto más contemplamos a Cristo, hablamos de sus méritos y relatamos su poder, tanto más plenamente reflejaremos su imagen en nuestros propios caracteres y tanto menos someteremos nuestras mentes y afectos a las influencias paralizadoras del mundo. Cuanto más nuestra mente se espacie en Jesús, tanto menos nos envolverá la neblina de la duda, y más fácilmente podremos colocar todas nuestras cargas sobre Aquel que las lleva todas... Permitamos que la fe atraviese la sombra infernal de Satanás y se fije en Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, que ha entrado por nosotros tras el velo. Sean cuales sean las nubes que cubran el cielo, sean cuales sean las tormentas que azoten el alma, esta ancla se mantiene firme y podemos estar seguros de la victoria (In Heavenly Places, p. 127; parcialmente en En los lugares celestiales, 30 de abril, p. 127). ¡Oh, cuán bondadoso es nuestro Señor! "No te desampararé, ni te dejaré". Hebreos



