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Dios no ha permitido el mal en el mundo, antes bien ha luchado contra el mal desde que se gestó por primera vez en la historia, pues el mal no ha existido desde siempre, ya que sería eterno, cualidad que solo es atribuible a Dios. El mal emergió desde el interior de una criatura, quien alejándose del manantial del verdadero amor, tergiversó su libertad convirtiéndola en su antónimo, que es la esclavitud de los deseos y las pasiones que provienen de la soberbia y la envidia. En otras palabras, la confusión generada en el ser de una creatura que quiso ser más que su creador, le llevó a generar dentro de sí la malversación de la libertad utilizando el don recibido contra el gran Dador del don, lo que significó una ruptura entre el propósito para el que fue creado y su voluntad. Convirtiendo la libertad en libertinaje, y el amor en odio. De esta forma, el libre albedrío fue la puerta para todo, tanto para el bien como para el mal, tanto para la vida como para la muerte.



