En este mundo edulcorado donde se nos pide que estemos jóvenes a los sesenta años, que neguemos los conflictos y ensayemos una felicidad absoluta, llega la agilidad emocional, concepto acuñado por la doctora Susan David, con la idea de expresar esa flexibildad emocional para reconocer las emociones, sin necesidad de negarlas, sólo reaccionar con menos dureza y peso a las cosas, responder de forma más efectiva, ser más compasivos y desengancharnos de forma sana de lo que no nos hace bien.
La autoayuda tradicional tiende a ver el cambio en términos de metas elevadas y una transformación total, pero los estudios apoyan la visión opuesta: que pequeños ajustes deliberados imbuidos de nuestros propios valores pueden marcar una gran diferencia en nuestras vidas. Esto es especialmente cierto cuando efectuamos ajustes en nuestra rutina y en nuestros hábitos, los cuales, a través de la repetición diaria, tienen un gran poder transformador.
Nosotros también necesitamos encontrar el equilibrio perfecto entre nuestros retos y nuestras aptitudes, de modo que no seamos autoindulgentes ni nos abrumemos, sino que nos sintamos animados, entusiasmados y vigorizados por los desafíos.
La agilidad emocional está influida por las investigaciones llevadas a cabo en los ámbitos de la psicología social, organizacional y clínica. Está en deuda, sobre todo, con la terapia de aceptación y compromiso –desarrollada por Steven Hayes, profesor y catedrático de psicología en la Universidad de Nevada, y sus colegas– y está apoyada por una comunidad de investigadores y profesionales pertenecientes a la Asociación para la Ciencia del Comportamiento Contextual.Si te interesa saber más, visita nuestros cursos en www.brandocoaching.com que haremos el curso sobre Agilidad emocional

