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Dios nos recuerda que la verdadera riqueza no está en lo que acumulamos, sino en un corazón que aprende a dar.
La generosidad comienza cuando dejamos de pensar solo en lo que podemos recibir y empezamos a preguntarle a Dios cómo usar lo que Él ya puso en nuestras manos. Nuestro tiempo, nuestra energía, nuestros recursos y nuestra vida pueden convertirse en un canal de bendición cuando se entregan con responsabilidad.
¡Hoy honramos a Dios con un corazón lleno de amor!
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