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Seguir al Espíritu Santo es la mayor aventura de la vida. Pero no se puede hacer si se quiere tener una vida caminando sobre seguro. Fuimos salvos para mucho más que tener una vida cómoda e ir al cielo: fuimos salvos también para que se abrieran nuestros sentidos espirituales y poder escuchar la voz de Dios y ver al viento moverse y seguirlo, para hacer tesoros en el cielo y vivir una vida peligrosa para Satanás.



