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Una época de cambios requiere de un hombre estable, inmutable, y, que además, se distinga por un espíritu diferente, que decida seguir con todo el corazón al Señor y no se involucre en batallas que no son de Dios.
Una época de cambios requiere de un hombre estable, inmutable, y, que además, se distinga por un espíritu diferente, que decida seguir con todo el corazón al Señor y no se involucre en batallas que no son de Dios.