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Pues sí. Los padres tienen un límite y ocurre que hay veces que no soportan a sus propios hijos. Tranquilos, es algo natural y humano. No se es peor padre o madre por sentir hartazgo en momentos determinados. Si la situación se complica, Pilar Jurado, psicopedagoga, nos invita a gestionar esos malos momentos con una receta estupenda: el amor incondicional.



