¿Qué pasaría si sentir rabia, tristeza, frustración o cualquier otra de esas emociones a las que solemos huir, fuera realmente sano y enriquecedor para nosotras? ¿Qué tanto podrían ayudarnos a reconocernos y llevarnos a ser como un todo? Somos luz, pero también, somos oscuridad; negarnos a esto es negarnos a ser completas, a disfrutar y sacar el máximo provecho a esta experiencia que llamamos vida.
En ocasiones muchas de las programaciones que recibimos de niñas o adolescentes, nos llevaron a pensar que debíamos ser "niñas buenas"de esas que no se enojan o entristecen, de las que no lloran o despiertan rabia, pero renunciar a esto, es de alguna forma renunciar a parte de nuestra voz y a sacar el provecho que las sombras de nuestra versión humana nos proveen, es negarnos a crecer y ser cada vez más grandes, es negarnos a alzar vuelo y a volar cada vez más alto.

