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Nuestra vida ha de estar unida con la de Cristo; hemos de recibirconstantemente de él, participando de él, el pan vivo que descendiódel cielo, bebiendo de una fuente siempre fresca, que siempre ofrecesus abundantes tesoros. Si mantenemos al Señor constantementedelante de nosotros, permitiendo que nuestros corazones expresen elagradecimiento y la alabanza a él debidos, tendremos una frescuraperdurable en nuestra vida religiosa.



