La génesis de este impuesto global tiene como objetivo que las multinacionales paguen al menos un 15% sobre sus beneficios. Dicho de otra forma, y a modo de ejemplo, si una multinacional de Francia está abonando, por ejemplo, un 10% sobre su resultado contable en otro país, Francia tendría derecho a gravar ese 5% restante en la matriz.
Para el analista, "el problema de fondo es que a través de las diferentes regulaciones entre unos y otros países se venía produciendo una especie de competencia internacional, de tal forma que había una tendencia de las multinacionales a desplazarse en función de dónde se paga más, y dónde se paga menos. Esto genera a medio plazo una competencia entre los países por ver quién cobra menos impuestos a las multinacionales. Con lo cual, el hecho de que esto no se regulara o pactara a nivel internacional, dentro de lo que era el esquema de la globalización que estalló en la década de 1980 y 1990, implicaba en la práctica una menor tributación", detalla Zelaia.

